
Ambos idiomas son fascinantes, ambos son realmente útiles y ambos tienen fama de ser muy difíciles. Si no sabes si decantarte por el japonés o el chino, no eres el único. Es uno de los dilemas más habituales entre quienes estudian idiomas y se interesan por Asia Oriental.
La respuesta sincera es que, objetivamente, ninguna de las dos es mejor para empezar a aprender. Depende de tus objetivos, de tus intereses y del uso que le vayas a dar al idioma. Sin embargo, existen diferencias reales entre ambas que conviene conocer antes de tomar una decisión.
El japonés cuenta con dos alfabetos fonéticos, el hiragana y el katakana, cada uno con unos 46 caracteres. La mayoría de los principiantes pueden leer ambos tras unas semanas de práctica intensiva.
Esto te proporciona un primer éxito que mantiene alta la motivación; de hecho, estás leyendo un texto en otro idioma con relativa rapidez, lo cual te hace sentir bien.
El mandarín, por el contrario, utiliza miles de caracteres sin ningún atajo fonético. Hay que aprender entre 2.000 y 3.000 caracteres para leer con soltura textos cotidianos, y no hay ningún alfabeto al que recurrir mientras se va adquiriendo esa base.
El japonés tiene un inventario fonético relativamente reducido y unas reglas de pronunciación bastante coherentes. Los tonos no forman parte del japonés estándar, lo que elimina uno de los mayores obstáculos a los que suelen enfrentarse los hablantes de lenguas no asiáticas.
El mandarín es una lengua tonal con cuatro tonos distintos, además de un tono neutro. Si no se pronuncian bien los tonos, no solo suena mal, sino que puede cambiar por completo el significado de lo que se está diciendo. Esto añade un nivel de complejidad a la expresión oral desde el primer día que el japonés simplemente no tiene.
Si ya te gusta el anime, el manga, las series japonesas o la cultura de los videojuegos japoneses, probablemente hayas aprendido más japonés de lo que crees.
En ese contenido aparecen constantemente palabras conocidas, expresiones habituales e incluso estructuras gramaticales básicas. Esa exposición previa se traduce en un progreso inicial más rápido y, lo que es más importante, en una motivación intrínseca para seguir adelante.
El japonés es la lengua de Japón, una de las mayores economías del mundo y un importante centro de tecnología, diseño y entretenimiento. Para desarrollar una carrera profesional en esos sectores o para cualquiera que tenga previsto vivir o trabajar en Japón, el japonés es la opción más obvia.
El mandarín lo hablan más de mil millones de personas, lo que lo convierte en la lengua más hablada del mundo por hablantes nativos. Además de en China continental, se utiliza ampliamente en Taiwán, Singapur y en las grandes comunidades chinas del sudeste asiático y de todo el mundo.
Si tu objetivo es lograr el máximo alcance lingüístico o aprovechar las oportunidades de negocio en la segunda economía más grande del mundo, es difícil no decantarse por el mandarín.
He aquí algo que la mayoría de la gente no se espera: la gramática del mandarín es, en realidad, bastante sencilla en comparación con muchas lenguas europeas, e incluso con el japonés. No hay conjugaciones verbales, ni sustantivos con género, ni formas plurales, ni casos. Las oraciones siguen una estructura bastante lógica que los hablantes de inglés aprenden con relativa rapidez.
Una vez que te acostumbras a la pronunciación tonal y al sistema de caracteres, la gramática subyacente resulta mucho menos complicada de lo que parece a primera vista.
El japonés utiliza tres sistemas de escritura simultáneamente: hiragana, katakana y kanji (caracteres chinos adaptados al japonés). Para leer con fluidez en japonés es necesario conocer los tres y saber cuándo se utiliza cada uno. El mandarín utiliza un solo sistema, con caracteres simplificados o tradicionales según la región, lo que supone una curva de aprendizaje considerable, aunque más específica.
La influencia económica de China sigue creciendo a nivel mundial. El dominio del mandarín se valora cada vez más en ámbitos como las finanzas, el comercio, la diplomacia, la industria manufacturera y la tecnología. Para los profesionales de esos sectores, hablar mandarín con fluidez abre puertas que pocos otros idiomas pueden abrir.
Si te atrae la cultura japonesa, tienes pensado visitar Japón o mudarte allí, o ya consumes contenidos japoneses, empieza por el japonés. Los primeros logros con los sistemas de escritura fonéticos y una pronunciación más accesible te mantendrán motivado mientras vas cogiendo ritmo.
Si tus objetivos están relacionados principalmente con la carrera profesional, el mundo empresarial o llegar al mayor público posible, el mandarín resulta más acertado desde el punto de vista estratégico. La gramática te sorprenderá por lo accesible que resulta una vez que te comprometas a aprender los caracteres.
Hay algo que conviene saber: aprender uno te da una ventaja parcial a la hora de aprender el otro. El japonés utiliza miles de caracteres chinos (llamados kanji), por lo que quienes aprenden japonés ya reconocen gran parte del mandarín escrito. Y a quienes aprenden mandarín les resultará familiar parte de la lógica que hay detrás de los kanji japoneses. No son el mismo idioma, pero tampoco carecen por completo de relación entre sí.
Elijas lo que elijas, una orientación estructurada marca una gran diferencia en ambos casos. Echa un vistazo a Cursos de japonés de Lingua Learn o Cursos de mandarín para encontrar el punto de partida adecuado según tu nivel y tus objetivos.